Sáb. 3 Ene. 2009
Hace unos minutos estaba más o menos calmado, porque, aunque no tenía ni una gana de escribir esta entrada, pensaba que más o menos había encontrado algo de qué hablar. Precisamente era ese malestar el que me había dado la idea. Y voy, escribo la dirección del blog éste (www.huco.mirenberasategi.com) y veo que lo primero que aparece ante mis narices habla de eso mismo. En ese momento, no he podido evitar recordar que tengo que hacer propecientos y pico trabajos más para los que, con toda probabilidad, recurriré a Internet. Entonces, me ha sobrevenido un dilema: amor u odio a la maldita computadora. Ávidamente he encontrado la resupuesta.
He pensado en la Wikipedia, he pensado en los periódicos on-line, he pensado en los miles de blogs interesantes que hay en la red, todos ellos sitios que facilitan enormemente la tarea constructiva de nuestras ignorantes mentes, que simplifican y aceleran la búsqueda de cualquier información. Y he amado Internet.
Pero entonces he pensado en lo que me acababa de suceder, y en lo que acababa de ver, también. He pensado en el Tuenti, en el MSN Messenger y toda su retaíla de primos y hermanos bastardos. He recordado lo rico que es ahora el inventor de Facebook, y no he tenido que pensar en lo bien pensado que está elinvento, porque ya lo he hecho en anteriores ocasiones. En lo bien que nos venden la moto antes de que nos demos cuenta de que es una burra. Porque muchas veces he pensado que este tipo de fórmulas no sólo no mejoran las relaciones sociales, sino que las deterioran.
Y no sólo las sociales. Nos hacen perder tanto tiempo que dejamos de buscar información. He pensado en todo el tiempo que dedico a navegar por páginas desconocidas siguiendo links (o, simplemente, por la Wikipedia) cuando no tengo ningún contacto interesante conectado en el Messenger. He pensado en que tengo que estar escribiendo esto en vez de hacer cualquier otra cosa. Que esto seguramente no interese a nadie, pero que cuando alguien teclee en Google ‘Internet’ o ‘retrete’ es muy probable que le aparezca como resultado el enlace a esta entrada, lo cual le hará perder inútilmente varios minutos y eso, a lo peor, le lleva a desistir en su búsqueda o, pero aún, entra aquí, lo lee y, cuando termina, se da cuenta de que ya no tiene tiempo para más y apaga el ordenador sin haber encontrado lo que buscaba.
También es verdad que quizá esta reflexión le pueda ser más útil que lo que buscaba. Lo mejor en ese caso es que, seguramente, no pare a pensar en ello. Y ahora es cuando yo me paro a pensar… ¿es así como funciona la web basura?



